Un zorro y un adiós

Hace tiempo decidí irme de mi tierra para seguir mis sueños de aventuras. Nunca imaginé que la distancia,
incluso si es por decisión propia, sería tan difícil de llevar. He comenzado a sentir que no soy de aquí,
pero tampoco de allá. 
Hasta la propia familia ha dejado de conocerme.
Porque ya no soy más yo. 
De aquella que se fue, solo el recuerdo queda. Como queda el recuerdo de su voz que siempre me impulsó
a seguir luchando por mis sueños. 
Esta noche sentí una punzada en el pecho, vi un zorro rojo de mirada triste por la ventana y salí entre el
frío otoñal para verlo desaparecer entre la niebla.
Ahora no puedo dormir, porque siento que la punzada en el pecho, el cielo gris y el zorro de mirada triste
son todos parte de un mal presagio.
Miro mi teléfono y veo con sorpresa una cantidad impensable de llamadas perdidas y mensajes sin responder.
"Llama a tu madre, por favor" veo en la pantalla aún sin desbloquear.
Desbloqueo temblorosa y lo veo aparecer en cámara lenta: "Tu padre ha muerto".
Silencio. No me sale la voz.
Y ahora en medio de la nada, tan lejos de mi San Antonio querido, entre la negación y el llanto, debo
despedirme de mi más grande amor. 
Es un adiós sin despedida, un te amo a rueda suelta, un te extraño a media noche y un lo siento sin
respuesta.

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